Cómo no fracasar con un flan
El flan parece de abuela infalible y esconde un par de trampas. Sorteadas, sale cremoso y perfecto cada vez.
El flan tiene fama de postre de abuela, sencillo e infalible. Y en el fondo lo es, pero esconde un par de trampas que explican por qué a tanta gente le sale lleno de agujeros, cuajado de forma rara o con el caramelo amargo. Conocidas esas trampas, el flan sale liso, cremoso y perfecto cada vez. Vamos a sortearlas una a una.
El caramelo, el primer susto
Todo empieza por el caramelo del fondo, y ahí está la primera trampa. El azúcar se funde y se dora, pero pasa de dorado perfecto a quemado y amargo en cuestión de segundos. El truco es vigilarlo sin moverte y, en cuanto coja un tono ámbar bonito, retirarlo del fuego de inmediato, porque el calor residual lo sigue oscureciendo. Un caramelo quemado amarga todo el flan. Mejor quedarse algo corto que pasarse.
La mezcla, sin complicaciones
La crema del flan es simple: huevos, leche y azúcar, y si quieres, un toque de vainilla o de limón. Se baten los huevos con el azúcar y se añade la leche, mejor templada. Un consejo: no batas con furia ni montes espuma, porque esas burbujas de aire son las que luego dejan agujeros. Mezcla con suavidad, lo justo para integrar. Si cuelas la mezcla antes de echarla al molde, eliminas grumos y quedará más fino.
El flan no se cuaja con prisa ni con fuego fuerte: se cuaja con calor suave y envolvente. Esa es toda la ciencia.
El baño maría es innegociable
Aquí está la trampa grande, la que explica casi todos los fracasos. El flan no se cuece directamente al horno o al fuego fuerte, sino al baño maría: el molde dentro de una bandeja con agua caliente, y todo eso al horno suave. El agua envuelve el flan en un calor uniforme y delicado que lo cuaja despacio, dejándolo cremoso y liso. Sin baño maría, el huevo se cocina demasiado deprisa, se corta y aparecen esos agujeros de esponja. No te lo saltes.
La paciencia de desmoldar
Cuando el flan está cuajado, todavía tiembla un poco en el centro; eso es buena señal, terminará de cuajar al enfriarse. Y aquí va el último error que cometer: las prisas por desmoldar. Un flan caliente desmoldado es un desastre asegurado, se rompe y se deshace. Déjalo enfriar del todo, mejor unas horas en la nevera o de un día para otro. Frío y asentado, se desmolda limpio y el caramelo cae por encima como debe.
Sencillo, si respetas las reglas
Visto así parece que el flan tiene mucho misterio, y no lo tiene: caramelo sin quemar, mezcla sin batir de más, baño maría y paciencia para enfriarlo. Respeta esas cuatro cosas y te saldrá un flan de los que hacen cerrar los ojos. Falla en cualquiera de ellas y entenderás por qué tantos flanes caseros acaban como acaban. Ahora ya sabes de qué lado quedarte.
3 comentarios
El baño maría es innegociable, lo aprendí por las malas. Sin él, el flan me salía lleno de agujeros como una esponja.
Lo del caramelo: en cuanto coge color, fuera del fuego, que sigue cocinándose con el calor y amarga. Buen aviso.
Paciencia para desmoldar, sí. Yo lo hago al día siguiente y sale perfecto. Caliente es un desastre asegurado.