El arte de poner una mesa bonita sin complicarse
No hacen falta vajillas caras ni manteles de gala: una mesa cuidada se consigue con cuatro detalles y poco dinero.
Asociamos poner bien la mesa con las grandes ocasiones, con vajillas heredadas y manteles que solo salen en Navidad. Y es una pena, porque una mesa cuidada no necesita nada de eso y transforma hasta la comida más sencilla. Un plato corriente sabe mejor en una mesa puesta con gusto. No es magia, es atención, y se consigue con cuatro detalles y casi nada de dinero.
Empieza por lo limpio y ordenado
La base de cualquier mesa bonita no es lujo, es orden. Un mantel o unos individuales limpios, los cubiertos en su sitio, las copas o vasos sin marcas, la mesa despejada de cosas que no pintan nada ahí. Solo con eso, con quitar el desorden cotidiano y poner lo justo bien colocado, una mesa ya cambia por completo. Lo recargado cansa; lo limpio y sencillo siempre funciona.
Un punto de color o de luz
El detalle que da el salto es siempre el mismo y cuesta poquísimo: algo vivo o algo de luz. Unas flores de temporada del mercado, que valen dos euros, en un vaso o una jarra sencilla. Una ramita verde si no hay flores. Y, para la noche, una o dos velas, que crean un ambiente que ninguna lámpara iguala. Ese pequeño foco de color o de luz cálida convierte la mesa de a diario en algo especial.
No es la vajilla cara la que hace bonita una mesa: es el orden, una flor y un poco de luz. Y eso está al alcance de cualquiera.
La vajilla que tienes vale
No necesitas comprar nada nuevo. Casi cualquier vajilla, por sencilla que sea, queda bien si está limpia y bien puesta. Si acaso, lo blanco y liso es el comodín perfecto: realza la comida y combina con todo. Mezclar platos distintos con cierta gracia incluso da personalidad. La obsesión por el juego completo y a juego es justo lo contrario de lo que hace acogedora una mesa.
Lo que sobra en la mesa
Tan importante como lo que pones es lo que quitas. Y hoy lo que más sobra en una mesa es el móvil. Una mesa bien puesta es una invitación a estar, a mirarse, a hablar y a quedarse en la sobremesa. Los teléfonos boca abajo, mejor lejos, rompen ese hechizo. Quita las pantallas y la mesa cumple su función más bonita: reunir a la gente.
Por el placer de hacerlo
Poner bien la mesa, aunque comas solo o sea un martes cualquiera, es una pequeña manera de cuidarse y de cuidar a quien se sienta contigo. Dice que esta comida importa, que merece un mínimo de ceremonia. Y curiosamente, ese gesto tan barato hace que la comida sepa mejor y que el rato dure más. Pruébalo un día normal y verás.
3 comentarios
Lo de que la comida más sencilla sabe mejor en una mesa cuidada es totalmente cierto. Es pura psicología y funciona.
Unas flores del mercado por dos euros y unas velas y la mesa cambia por completo. No hace falta gastar.
El truco de quitar el móvil de la mesa es el mejor de todos. La mesa puesta invita a quedarse y hablar.